Los asesinos de Güemes

Opinión15/06/2026 Por Pedro Pesatti

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Güemes es recordado hoy en toda la Argentina. Su figura está asociada a las luchas de la independencia y del federalismo; dos conceptos que se implican y que iluminan un campo de ideas que a Güemes le segaron la vida.

Los españoles querían su cabeza porque, junto con sus gauchos, constituía la fuerza de guerrilla más poderosa con la que contaba San Martín en la frontera norte para profundizar el proceso independentista. Los dueños de Salta, la oligarquía de su tiempo, también querían su cabeza porque propugnaba, desde el gobierno provincial, un modelo de sociedad donde la igualdad y el respeto por el otro se tradujeran, en la práctica, en una justa y equitativa distribución de la riqueza. Esa oligarquía que lo odiaba no dudó en entregar al gobernador a las fuerzas españolas para que lo asesinaran.

Güemes muere por sus ideas. En su muerte quedó demostrado que un hombre de pensamiento federal no solamente debe temer a la simplificación de reducirlo todo a la relación del interior con Buenos Aires. El verdadero pensamiento federal también tiene enemigos en las propias provincias y en los propios provincianos que odian las ideas de una Argentina para todos y sueñan con una Nación al servicio de unos pocos.

Güemes, desde sus ideas, hoy nos alerta sobre las nuevas divinidades que se han erigido en la Argentina: el RIGI y el super-RIGI, instrumentos para facilitar el saqueo de los recursos naturales que pertenecen al pueblo argentino. Son los recursos de este suelo por el que los salteños de Güemes dieron su vida mucho antes de la organización nacional y de tantas provincias que nacieron tiempo después.

Güemes nos convoca hoy a pensar en un federalismo de ciudadanos, en un federalismo con integración efectiva de la Nación para hacer posible el desarrollo de todas sus capacidades. Todo esto en un contexto de primarización de la economía, de destrucción de la industria, de cierre de una pyme cada 48 minutos, de desmantelamiento del sistema de ciencia y técnica, de las instituciones universitarias y de las economías regionales como la fruticultura y el turismo; un contexto que ataca las condiciones de vida de los jubilados, los discapacitados, los enfermos y los más débiles.

Hoy debemos elegir si estamos del lado de Güemes o de los falsos federales de estos tiempos: aquellos que hacen cola para ponerse al servicio del capital concentrado de las empresas extractivistas que necesitan una Argentina dependiente y atada de pies y manos. Actúan, quizás, con la misma actitud de quienes entregaron al salteño para condenarlo a muerte, herido en una emboscada española gracias a la información de los oligarcas locales; una traición que, poco tiempo después, un día como hoy de 1821 en Cañada de la Horqueta, le terminaría costando la vida.

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