Berlín duele. El odio mata.

Opinión26/07/2026 Por Andrés Alvarenga (*)

MARCHA DEL ORGULLO BERLIN

Hay noticias que atraviesan fronteras porque no solo hablan de un lugar, sino del mundo que estamos construyendo. Lo ocurrido en la Marcha del Orgullo en Berlín, donde un brutal ataque dejó una persona fallecida y varias heridas, nos llena de dolor, indignación y preocupación.

No fue un hecho aislado. Es el reflejo de un clima de intolerancia que crece cuando los discursos de odio encuentran espacio para expandirse, cuando la deshumanización se vuelve cotidiana y cuando señalar a una parte de la sociedad termina legitimando la violencia contra ella.

La comunidad LGBTIQ+ no reclama privilegios. Reclama algo mucho más simple y profundamente humano: vivir sin miedo, amar en libertad, caminar por las calles con la tranquilidad de saber que su existencia no será motivo de agresión. Reclama respeto, igualdad y dignidad.

Me pregunto: ¿qué amenaza representa la felicidad de alguien? ¿Qué peligro hay en celebrar el amor, la diversidad o la libertad de ser quien uno es? La respuesta debería ser evidente: ninguno. Sin embargo, una y otra vez vemos cómo el odio intenta imponerse sobre la convivencia.

Por eso no alcanza con condenar los hechos cuando ocurren. Es indispensable prevenirlos. Los mensajes que emanan desde las máximas esferas del poder tienen consecuencias. Las palabras construyen realidades. Cuando se promueve la inclusión, se fortalece la democracia. Cuando se alimenta el odio, se habilita un terreno fértil para la violencia.

Necesitamos políticas públicas que promuevan el respeto, fortalecer la Educación Sexual Integral, impulsar campañas de inclusión y generar herramientas para prevenir la discriminación. También debemos debatir con seriedad cómo responder frente a los discursos de odio cuando estos incitan a la violencia y ponen en riesgo la vida de las personas.

Mi más profundo repudio a este ataque y mi solidaridad con las víctimas, sus familias y toda la comunidad LGBTIQ+ de Berlín y del mundo.

Pero también quiero dejar un mensaje de esperanza. El miedo nunca será más fuerte que nuestra convicción de seguir construyendo una sociedad más justa. No vamos a renunciar a la libertad, ni a la diversidad, ni al derecho de existir con orgullo.

Seguiremos luchando para que algún día vivamos en un mundo donde quepan todos los mundos. Un mundo donde nadie tenga que esconderse por ser quien es. Un mundo donde el amor siempre tenga más fuerza que el odio.

(*) Militante LGBTIQA+ y Presidente de Igualdad Río Negro

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