Opinión Por Sebastián Fonseca (*) 18/07/2026

La soledad no es un accidente

Sobre los varones que no tienen a quién llamar un martes a las tres de la mañana, y a quién le conviene que así sea

Este 20 de julio vas a mandar un meme, a saludar en algún grupo de WhatsApp, quizá hacer algo a la parrilla si tenés unos mangos. Es el Día del Amigo. Detrás de los abrazos hay un dato que casi nadie menciona: en Argentina, 8 de cada 10 personas que se suicidan son varones. En 2024, la distribución fue 80,8 por ciento de varones y 18,8 de mujeres según el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), del Ministerio de Seguridad. En 2025 el país batió su propio récord: 5.209 suicidios, la cifra más alta desde que existen registros oficiales. 

Río Negro es hoy la provincia con la menor tasa de suicidios del país. Podría parecer un consuelo, pero acá la desigualdad es todavía más marcada que en el resto del país: el último anuario provincial disponible, el de 2024, muestra que 9 de cada 10 suicidios fueron de varones: 54 casos sobre 59 (Ministerio de Salud de Río Negro). En la franja de 40 a 59 años, prácticamente todos los casos fueron varones.

El problema es cómo leemos ese número. Lo tratamos como un final, cuando en realidad es la última escena de una película larguísima. Antes del desenlace hay años de algo más difícil de medir: un varón que se fue quedando sin nadie con quien hablar.

Pasa de a poco, por eso parece normal. A los veinte tenés un grupo. A los treinta los ves en los cumpleaños. A los cuarenta te enterás de que un amigo la está pasando mal por un mensaje reenviado. Nadie decide quedarse solo.

Nos educaron para el aguante y crecimos entendiendo que eso equivale a ser varón.

Cuando nos juntamos, la charla está armada para que el otro no vea cómo estás. Hablamos de fútbol o de laburo. De cualquier cosa que no sea lo que nos duele.

Hay una imagen que ordena todo esto: el varón en crisis no tiene a quién llamar. Esa agenda vacía no apareció de un día para el otro. Se fue vaciando durante años, sin que él lo notara. Por eso el consejo suelto de "pedí ayuda" no alcanza.

El pico en la mediana edad tiene explicación. Son los años en que el mandato de proveer y aguantar empieza a hacer agua. El cuerpo rinde menos y el trabajo se vuelve incierto. Los hijos crecen y arman su

propia vida. Al varón que aprendió a valer por lo que produce y por lo que soporta, de golpe le fallan las dos cosas. Y como nunca cultivó otra manera de sostenerse, se queda sin red en el peor momento.

Esa distancia con los demás es también distancia con uno mismo.

Los varones consultamos menos al médico y llegamos tarde, casi siempre cuando algo ya estalló. En buena parte de nuestra provincia, el alcohol termina siendo la única "infraestructura emocional" a mano. Aparece cuando no hay otra cosa.

La soledad de los varones parece un problema íntimo, pero funciona como una política. Un varón aislado consume más y protesta menos. No hace falta imaginar una reunión secreta de villanos que decidieron tenernos encerrados. Al modelo actual simplemente le conviene que estemos así. Y la intención se lee directo en el presupuesto.

Lo que se recorta primero es, justamente, lo que nos junta. El programa nacional Apoyo y Promoción de la Salud Mental, el que fortalece la salud comunitaria que trabaja en el barrio y arma el lazo, tiene previsto para este 2026 un recorte del 91,5 por ciento Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ). La Ley de Salud Mental manda destinar el 10 por ciento del gasto sanitario al área (Ley 26.657). La asignación prevista para 2026 ronda el 1,4% (ACIJ).

Muestrame tu presupuesto y te diré quien eres. Se nota la intencionalidad en qué eligen desfinanciar y en qué muertes deciden mirar. El mismo año en que los suicidios pasaron a triplicar a los homicidios (5.209 contra 1.676, según el SNIC), el gobierno nacional presentó su informe de estadísticas criminales celebrando la tasa de homicidios más baja de la serie histórica. Cuando una muerte suma votos, otra se barre bajo la alfombra.

Por eso una campaña que nos pida "animarnos a hablar" queda corta. Las campañas no mueven estructuras. Cambiarían las cosas una política de salud mental que vaya más allá de las ciudades de la provincia, que llegue a los pueblos chicos, a los campamentos petroleros, a los barrios más olvidados y licencias laborales para atenderse sin perder el día. También espacios donde un varón pueda decir que está roto sin sentir que deja de ser hombre. Nada de eso es magia, es plata y decisión política. Es presupuesto estatal.

Mientras tanto, queda lo que está al alcance de la mano: rebelarse contra el aislamiento. Este Día del Amigo, además del meme, llamá a ese amigo del que no sabés nada hace meses. Preguntale cómo está de verdad y bancate la respuesta. Suena chico frente a un presupuesto nacional. Lo es. Pero la soledad que nos quieren imponer se desarma de a un vínculo por vez. Y eso, por ahora, no lo pueden recortar.

 

(*) Sociólogo (UBA). Especialista en políticas de cuidado con perspectiva de género (CLACSO).