Río Negro04/07/2026

Pesatti advirtió que Río Negro perdió una porción estratégica de su territorio y cuestionó la falta de visión histórica de su dirigencia

El vicegobernador de Río Negro, Pedro Pesatti, publicó una columna de opinión en la que reflexiona sobre una de las pérdidas territoriales más significativas de la historia provincial y sostiene que la falta de planificación estratégica terminó condicionando el desarrollo económico de Río Negro durante generaciones.

Bajo el título "Tiempos perdidos", el presidente de la Legislatura afirma que existen derrotas que "se producen lentamente, entre expedientes, decretos, errores, omisiones y silencios administrativos", pero que con el paso del tiempo terminan teniendo consecuencias profundas para toda una comunidad.

Como eje de su análisis, Pesatti retoma la investigación desarrollada por el escritor y político rionegrino Pablo Fermín Oreja en su libro La provincia perdida (1996), obra que considera fundamental para comprender uno de los episodios menos conocidos de la historia institucional de Río Negro.

Según expone, durante la dictadura encabezada por Juan Carlos Onganía se consolidó un error en la traza del límite entre Río Negro y Neuquén, situación que permitió que la provincia vecina incorporara aproximadamente 1.976 kilómetros cuadrados que históricamente pertenecían al territorio rionegrino. Ese sector, ubicado entre los ríos Colorado y Neuquén, terminó integrando una de las zonas de mayor desarrollo hidrocarburífero de la Cuenca Neuquina.

Pesatti sostiene que, cuando Oreja escribió su libro, la controversia podía parecer simplemente un conflicto limítrofe entre provincias. Sin embargo, afirma que el paso del tiempo demostró que sobre esas tierras se asentó una parte sustancial del desarrollo energético más importante del país, con la explotación de petróleo y gas que hoy genera regalías, infraestructura, empleo, inversiones y desarrollo tecnológico.

En ese contexto, el vicegobernador recuerda que durante el gobierno de Mario Franco y la gestión de su ministro Jorge Félix Frías existieron intentos por revitalizar el reclamo territorial, aunque esas políticas quedaron interrumpidas tras el golpe de Estado de 1976. También destaca las acciones impulsadas anteriormente por el gobernador Edgardo Castello, quien promovió el trazado correcto del límite mediante un decreto de 1961, y por el propio Pablo Oreja, quien presentó en 1964 un proyecto de ley para restablecer el límite histórico entre ambas provincias.

No obstante, Pesatti considera que el principal aporte de La provincia perdida no consiste únicamente en demostrar qué territorio perdió Río Negro, sino en explicar por qué ocurrió esa situación y cuáles fueron las consecuencias de no haber desarrollado una estrategia provincial de largo plazo.

A partir de allí desarrolla una reflexión política e institucional. Señala que durante décadas la dirigencia rionegrina actuó como si cada administración pudiera comenzar desde cero, privilegiando proyectos personales antes que políticas de Estado capaces de sostenerse en el tiempo.

En contraposición, sostiene que Neuquén comprendió tempranamente el potencial que tendría el desarrollo hidrocarburífero y construyó instituciones permanentes para planificar su crecimiento. Como ejemplos menciona la creación del Consejo de Planificación y Acción para el Desarrollo (COPADE) y el impulso a la Universidad Nacional del Comahue, organismos que permitieron formar profesionales, producir conocimiento y proyectar políticas públicas más allá de los cambios de gobierno.

Para Pesatti, esa continuidad institucional permitió consolidar lo que hoy se conoce como la "neuquinidad", una identidad provincial acompañada por una estrategia sostenida durante más de seis décadas. Según plantea, gracias a ese proceso Neuquén logró concentrar organismos nacionales, empresas energéticas, infraestructura, investigación científica y capacidad de decisión, transformándose de hecho en la capital económica del norte patagónico y de la región del Comahue.

En cambio, sostiene que Río Negro contó con dirigentes lúcidos, pero no logró consolidar instituciones capaces de convertir esas iniciativas individuales en una política de Estado permanente.

En el tramo final de su columna, el vicegobernador afirma que la mayor derrota de Río Negro no fue únicamente la pérdida de casi dos mil kilómetros cuadrados con enorme riqueza hidrocarburífera, sino haber dejado pasar la oportunidad de comprender hacia dónde se desplazaba el eje económico de la Patagonia e incluso haber perdido la memoria de ese episodio histórico.

Finalmente, Pesatti concluye que las provincias no se desarrollan solamente por la aparición de dirigentes destacados, sino cuando construyen instituciones capaces de interpretar la historia, planificar estratégicamente y proyectar un destino colectivo durante generaciones. Como reflexión final, advierte que el costo de actuar sin perspectiva histórica puede medirse hoy en el enorme valor económico que representan los hidrocarburos extraídos de ese territorio que, según sostiene, Río Negro terminó perdiendo.