Opinión03/05/2026

Inseguridad en Viedma: entre la preocupación vecinal y un discurso oficial que no alcanza

Mientras las juntas vecinales vuelven a ubicar a la inseguridad entre sus principales preocupaciones, la seguidilla de hechos graves registrados en los últimos días expone una realidad que contrasta con el mensaje de la cúpula policial.

La inseguridad no es un tema nuevo en Viedma. Por el contrario, es una preocupación persistente, casi estructural, que atraviesa desde hace años la vida cotidiana de los vecinos. Sin embargo, en las últimas semanas, esa inquietud volvió a cobrar fuerza con un dato concreto: las juntas vecinales la ubican nuevamente entre los principales problemas de la ciudad.

Ese diagnóstico social, construido desde el territorio, desde la experiencia directa de quienes habitan los barrios, choca con el discurso oficial. El jefe de la Regional Primera de la Policía, Darío Osman, aseguró que “no se habla de inseguridad”, relativizando así una percepción que, lejos de ser aislada, parece ampliamente compartida.

Pero los hechos cuentan otra historia.

En un lapso muy corto, Viedma fue escenario de episodios de extrema gravedad: un hombre baleado en el barrio 22 de Abril que finalmente falleció y cuyo caso se investiga como homicidio; un intento de asesinato que derivó en múltiples allanamientos y el secuestro de armas; y procedimientos vinculados a causas de lesiones graves donde también se incautó armamento de alto calibre.

No se trata de hechos menores ni aislados. Son situaciones que impactan directamente en la sensación de seguridad de la población y que, inevitablemente, alimentan la preocupación social.

En este contexto, negar o minimizar el problema no parece ser el camino. Por el contrario, la distancia entre lo que perciben los vecinos y lo que expresan algunas autoridades puede profundizar la desconfianza y debilitar cualquier estrategia de prevención.

La inseguridad, como fenómeno complejo, requiere algo más que estadísticas o declaraciones. Exige una lectura integral, que contemple tanto los datos objetivos como la percepción ciudadana. Porque, en definitiva, la seguridad también es una construcción social: si los vecinos se sienten inseguros, el problema existe.

El desafío, entonces, es doble. Por un lado, reforzar las políticas de prevención y el accionar policial frente a hechos concretos que muestran niveles de violencia preocupantes. Por otro, reconstruir un vínculo de confianza con la comunidad, basado en el reconocimiento de la realidad y no en su negación.

Viedma vuelve a enfrentarse a una discusión que parece repetirse en el tiempo. La diferencia es que hoy los hechos recientes le otorgan una urgencia renovada. Ignorarla no hará que desaparezca. Afrontarla con decisión, en cambio, puede ser el primer paso para empezar a resolverla.