Justicialismo rionegrino: de la fiesta regional al desafío provincial

Política y Elecciones22/02/2026
FIESTA DE LA MANZANA 2026
FIESTA DE LA MANZANA 2026

En una semana marcada por la intensidad del calendario político y social en Río Negro, el justicialismo –y particularmente María Emilia Soria, intendenta de General Roca– volvió a ocupar titulares y generar agenda propia. Lo hizo desde un registro que combina gestión, presencia territorial y apuestas simbólicas, y que, aunque por ahora evita tensar la cuerda electoral, insinúa con claridad sus ambiciones futuras.

La escena pública comenzó con la Fiesta Nacional de la Manzana 2026. Allí, María Emilia Soria aprovechó el movimiento popular para poner el foco en la identidad productiva del Alto Valle y en las oportunidades económicas que representan eventos que trascienden la mera fiesta: más allá de la música y el espectáculo, resaltó el “derrame económico” para Roca y ciudades vecinas, la ocupación plena de los hoteles y el impacto para productores y comerciantes locales. Su lectura política es directa: buena gestión no es un slogan, sino productividad real que tracciona empleo y desarrollo regional.

En la apertura formal de la Fiesta –otro momento de visibilidad– la intendenta honró explícitamente al sector frutícola y subrayó el trabajo conjunto de chacareros, empresarios y trabajadores como ejemplo de resistencia y futuro para la provincia. Es un discurso que rompe con la ritualidad de los cortes de cintas y se ancla en resultados concretos: economía, producción y comunidad.

Pero Soria no se limita a hablar de gestión local. En sus últimas apariciones públicas también mostró cautela estratégica respecto de los escenarios políticos que se avecinan. Consultada sobre una eventual candidatura a la gobernación de Río Negro, reiteró que hoy está enfocada en la gestión municipal, aunque no descartó el desafío provincial y trasladó la discusión hacia la política y la calidad del debate público, advirtiendo sobre el uso de noticias falsas e inteligencia artificial para dañar reputaciones y polarizar la campaña. Ese llamado al “acuerdo sobre reglas de juego” evidencia que, detrás del pragmatismo, hay un cálculo político que mira más allá de 2026.

Este protagonismo de la jefa comunal tiene eco en otros sectores del justicialismo rionegrino. En los últimos meses, la figura de María Emilia Soria ha sido mencionada como una de las cartas fuertes para la carrera hacia 2027, con analistas destacando que su gestión y perfil permiten construir una narrativa competitiva frente a espacios alternativos.

Mientras tanto, los otros protagonistas del peronismo local no pierden ritmo: Martín Soria, senador nacional, sigue colocando al PJ como actor clave frente a modelos que considera desfinanciadores de las provincias y reclama una defensa férrea de los intereses regionales. Aunque esas referencias fueron más visibles en meses previos, su impronta permea el discurso colectivo del espacio.

La lectura desde la vereda opuesta –como la de Alberto Weretilneck y fuerzas no peronistas– ha sido en muchos casos reactiva y enfocada en defender la gestión propia en términos institucionales, pero difícilmente ponga en cuestión de manera frontal el liderazgo creciente del peronismo local. Esta semana, más que confrontaciones directas, se percibió un momento en que el justicialismo marca agenda propia y se presenta como alternativa con real sustento territorial, más allá de la coyuntura electoral.

En síntesis, María Emilia Soria ha logrado transformar espacios tradicionales de gestión en escenarios de proyección política: desde una celebración regional como la Fiesta de la Manzana hasta mensajes que tocan los ejes del empleo, la producción y la ética en la política. Si el justicialismo quiere consolidar su liderazgo en Río Negro de cara a 2027, estos gestos –más que los discursos estridentes– podrían ser la cartografía con la que construya su futuro.

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