Viedma: ¿Qué pasó con los Facilitadores Territoriales que el Municipio presentó como un puente con los barrios?
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La Municipalidad de Viedma puso en marcha durante el primer semestre de este año un programa de Facilitadores Territoriales que fue presentado como una herramienta para fortalecer el contacto con los vecinos, detectar problemas en los barrios y agilizar las respuestas de las distintas áreas del gobierno local.
Sin embargo, a casi cuatro meses de las explicaciones brindadas públicamente por la jefa de Gabinete, María Eugenia Serra, poco y nada se conoce sobre los resultados de aquella iniciativa, que había generado expectativas por su modalidad de trabajo y por la posibilidad de mejorar la presencia municipal en el territorio.
El 18 de junio, durante una entrevista con FM DE LA COSTA, Serra detalló que el programa llevaba aproximadamente dos meses y medio de funcionamiento y que estaba integrado por 11 jóvenes, hombres y mujeres, que desarrollaban tareas bajo una modalidad similar a una pasantía.
La propuesta combinaba dos objetivos: brindar capacitación y experiencia laboral a los participantes y, al mismo tiempo, mejorar los mecanismos de detección de necesidades en los diferentes barrios de la capital rionegrina.
"Fortalecer nuestro trabajo territorial y también poder brindar a jóvenes formación y capacitación en todas las áreas de gestión", había señalado la funcionaria al explicar los fundamentos del programa.
No obstante, desde aquella presentación no se difundieron nuevos informes oficiales que permitan conocer cuántos relevamientos se realizaron, qué problemas fueron detectados, cuáles se resolvieron o si el programa continúa funcionando con las mismas características.
Luminarias, microbasurales, calles y seguridad vial
Según había explicado Serra, el trabajo de los Facilitadores Territoriales estaba organizado alrededor de tres grandes ejes.
El primero comprendía los servicios públicos, con especial atención a situaciones relacionadas con luminarias que no funcionaban, microbasurales, necesidades de poda y otras problemáticas cotidianas de los barrios.
El segundo estaba vinculado con la seguridad ciudadana, mediante un trabajo articulado con la Agencia de Seguridad Vial.
Finalmente, el tercer eje contemplaba la infraestructura urbana, particularmente la identificación de calles que requerían tareas de bacheo, repavimentación u otras intervenciones.
Se trataba, precisamente, de cuestiones que forman parte de los reclamos más frecuentes de los vecinos de Viedma.
Por eso, conocer los resultados de este programa no constituye una cuestión menor. Permitiría determinar si los relevamientos contribuyeron efectivamente a resolver problemas o si solamente se limitaron a incorporar información que luego no tuvo una respuesta concreta.
¿Cuántos microbasurales detectaron? ¿Cuántas luminarias fuera de servicio fueron reportadas? ¿Qué reclamos vinculados con el estado de las calles llegaron a las áreas correspondientes? ¿Cuántas de esas situaciones fueron solucionadas?
Son algunas de las preguntas que, hasta el momento, permanecen sin respuestas públicas.
Una aplicación digital que permitiría controlar los reclamos
Uno de los aspectos más novedosos del programa, según lo anunciado en junio, era la utilización de una aplicación digital específica para registrar las inquietudes y necesidades planteadas por los vecinos.
Serra había explicado que esa herramienta permitía incorporar información en tiempo real y construir una base estadística sobre los problemas detectados en distintos sectores de la ciudad.
"Nos permite llevar una estadística y un mejor control de lo que está sucediendo en nuestras calles", sostuvo entonces.
La utilización de esta tecnología aparecía como un avance importante para ordenar los reclamos, establecer prioridades y evaluar el desempeño de las áreas municipales responsables de brindar soluciones.
Sin embargo, tampoco se conocieron posteriormente datos sobre el funcionamiento de esa aplicación, la cantidad de registros incorporados o la utilización de esa información para planificar intervenciones.
Si el sistema continúa operativo, sería importante que el Municipio difundiera al menos un balance de los relevamientos realizados y de las respuestas concretadas.
De lo contrario, una herramienta presentada como un mecanismo para mejorar la gestión corre el riesgo de convertirse en otra iniciativa cuyos resultados permanecen fuera del conocimiento público.
También se había anunciado una evaluación
Durante aquella entrevista, la jefa de Gabinete explicó que los jóvenes realizaban sus tareas acompañados por personal técnico municipal, con el propósito de garantizar la calidad de los relevamientos y brindarles experiencia en distintas áreas de la administración.
"Es una práctica que lleva 6 meses aproximadamente para que ellos, cuando tengan que salir a buscar un laburo, puedan tener en su formación y en su experiencia todo el recorrido territorial", había destacado.
Además, anunció que próximamente el intendente Marcos Castro y las áreas involucradas realizarían un primer corte evaluativo para analizar el impacto del programa.
Casi cuatro meses después de aquellas declaraciones, tampoco se dieron a conocer públicamente las conclusiones de esa evaluación, ni se informó si hubo modificaciones en la modalidad de trabajo, nuevas incorporaciones o continuidad de los participantes originales.
Teniendo en cuenta que el programa ya llevaba aproximadamente dos meses y medio de funcionamiento cuando fue presentado en junio, el período inicial de capacitación de seis meses debería haber concluido o estar próximo a finalizar.
Por lo tanto, resulta razonable esperar que la Municipalidad esté en condiciones de ofrecer un balance de la experiencia.
Entre los anuncios y los resultados
La iniciativa de los Facilitadores Territoriales fue presentada como una alternativa para acercar el Estado municipal a los barrios, mejorar la detección de problemas y generar oportunidades de formación para jóvenes.
Son objetivos que, en principio, responden a necesidades concretas de la ciudad.
Pero la utilidad de un programa público no debería medirse solamente por sus propósitos o por las explicaciones ofrecidas al momento de su presentación, sino fundamentalmente por los resultados obtenidos.
En una ciudad donde persisten reclamos relacionados con el mantenimiento de calles, la limpieza de espacios públicos, la iluminación y diferentes necesidades de infraestructura, contar con equipos que recorran los barrios podría representar una herramienta valiosa.
Lo que no resulta razonable es que, después de anunciar su funcionamiento, el Municipio deje de brindar información sobre las tareas realizadas y el destino de los reclamos recogidos.
La falta de comunicación oficial no significa necesariamente que el programa haya dejado de funcionar, pero sí impide conocer su verdadero alcance y evaluar si está cumpliendo los objetivos anunciados.
A esta altura, sería oportuno que la gestión de Marcos Castro aclarara si los 11 Facilitadores Territoriales continúan desarrollando sus actividades, qué resultados arrojaron sus recorridas y qué ocurrió con la evaluación que había anticipado la propia jefa de Gabinete.
Porque, más allá de los anuncios, los vecinos necesitan saber si aquella propuesta que prometía acercar el Municipio a los barrios efectivamente produjo soluciones o si terminó siendo otra iniciativa de la que se habló mucho al principio y después nunca más se supo.