Hace 55 años, Viedma soñaba con fabricar aviones: el proyecto que nunca se concretó
Hace exactamente 55 años, el lunes 5 de julio de 1971, el diario Río Negro publicaba en su página 28 un título que invitaba a imaginar un futuro industrial muy diferente para la capital provincial: "Una Fábrica de Aviones se Instalaría en Viedma".
La información daba cuenta de una reunión mantenida entre el entonces gobernador de Río Negro, Roberto Requeijo, y representantes de las empresas Aerochañares, de Bahía Blanca, y Macarena S.R.L., de Capital Federal. El objetivo del encuentro era analizar la posibilidad de instalar en Viedma una planta para fabricar aeronaves de la reconocida firma estadounidense Piper Aircraft Company.
En aquel momento, la propuesta aparecía como una oportunidad histórica para diversificar la economía regional y posicionar a Viedma como un polo industrial vinculado a la actividad aeronáutica.
IMAGEN GENTILEZA LUIS ALBERTO CURIQUEOUn proyecto que nunca llegó a despegar
Sin embargo, pese al entusiasmo inicial, la iniciativa nunca se concretó en Río Negro.
No existen registros de que el proyecto haya avanzado hacia etapas posteriores, como la asignación de un predio, el inicio de obras o la conformación de una empresa destinada a producir aeronaves en la provincia.
Con el paso de los meses, la propuesta tomó otro rumbo.
El destino fue San Juan
A fines de 1972 quedó inaugurada en la localidad de Pocito, provincia de San Juan, la planta de Chincul SACAIFI, considerada la única fábrica latinoamericana autorizada para fabricar aviones Piper bajo licencia de la empresa estadounidense.
Lo llamativo es que detrás de ese emprendimiento se encontraba La Macarena S.A., la misma firma cuyos representantes habían participado de las gestiones realizadas en Viedma durante 1971.
La planta sanjuanina comenzó ensamblando aeronaves y posteriormente alcanzó un importante nivel de integración nacional, fabricando gran parte de sus componentes en el país.
Una industria que marcó una época
Durante más de dos décadas, Chincul produjo más de 700 aeronaves de distintos modelos Piper, generó cientos de puestos de trabajo especializados y llegó a convertirse en una de las fábricas privadas de aviones livianos más importantes de América Latina.
La empresa permaneció en actividad hasta mediados de la década de 1990, cuando la crisis del sector aeronáutico derivó en el cierre definitivo de la planta.
La oportunidad que quedó en el camino
Más de medio siglo después, aquella publicación del diario Río Negro recuerda una de las oportunidades industriales más ambiciosas que tuvo Viedma.
Si el proyecto hubiera prosperado, la capital rionegrina podría haber sido sede de una industria de alta tecnología, con un fuerte impacto en el empleo, la capacitación técnica y el desarrollo económico de toda la región.
La historia tomó otro rumbo y la fábrica terminó instalándose en San Juan, pero aquel anuncio del 5 de julio de 1971 permanece como el testimonio de un proyecto que ilusionó a la ciudad y que, finalmente, nunca logró despegar.
¿Qué fue Chincul, la fábrica que Viedma estuvo cerca de tener?
Lo que en 1971 se analizaba para Viedma terminó convirtiéndose en uno de los proyectos industriales más importantes de la historia aeronáutica argentina.
La planta finalmente se instaló en Pocito, provincia de San Juan, donde el 12 de diciembre de 1972 quedó inaugurada Chincul SACAIFI, empresa creada para fabricar bajo licencia los aviones de la estadounidense Piper Aircraft. Detrás del emprendimiento estaba La Macarena S.A., la misma firma que había participado de las gestiones realizadas un año antes ante el Gobierno de Río Negro.
Con el respaldo del régimen de promoción industrial vigente en aquellos años, la fábrica comenzó ensamblando aeronaves con piezas provenientes de Estados Unidos. Con el paso del tiempo, incorporó procesos de fabricación nacional hasta producir en el país la mayor parte de la estructura de los aviones, importando únicamente los motores y parte de la instrumentación.
En sus mejores años, Chincul llegó a emplear alrededor de 450 trabajadores especializados, operó con diez líneas de producción simultáneas y fue considerada la mayor fábrica privada de aviones livianos de América Latina. De sus hangares salieron modelos Piper Cherokee, Dakota, Arrow, Tomahawk, Navajo, Cheyenne y otros destinados a la aviación civil, ejecutiva y agrícola.
Las distintas fuentes históricas difieren sobre la cantidad exacta de aeronaves construidas: algunas hablan de más de 700 aviones, mientras que otras elevan esa cifra a cerca de 960 unidades a lo largo de más de dos décadas de actividad. En cualquier caso, se trató de uno de los mayores emprendimientos privados de la industria aeronáutica nacional.
La fábrica cerró definitivamente sus puertas el 31 de enero de 1995, afectada por la crisis económica, la quiebra de Piper Aircraft en Estados Unidos y el fin de los beneficios de promoción industrial. Hoy sus enormes hangares permanecen como testimonio de una industria que marcó una época en San Juan.
Más de medio siglo después de aquel anuncio publicado en el diario Río Negro, queda una pregunta inevitable: ¿qué habría sido de Viedma si aquella fábrica de aviones finalmente se hubiera instalado en la capital rionegrina?
Ilustración generada con inteligencia artificial que recrea cómo habría sido la fábrica de aviones proyectada para Viedma en la década de 1970