Por Gastón Renda (*)

Crecer con planificación

viedma, aerea, CATEDRAL

Nuestro trabajo planificando la ciudad se centra en tres conceptos básicos que son el ABC de mi gestión: transformar Viedma en una ciudad integrada, sustentable y moderna. 

Cuando iniciamos con la planificación de un proyecto, lo primero que hacemos como equipo, es reflexionar sobre cuál es el ideal de ciudad que queremos. Exploramos en nuestras mentes sobre cuál es el modelo de ciudad en el cuál anhelamos vivir y sentar las bases de nuestro hogar. 

Lo cuál no lleva a la siguiente pregunta: ¿cuál es esa ciudad modelo que queremos para Viedma?

Hace poco fui a Buenos Aires y tengo el recuerdo de estar viajando por la panamericana rumbo a la ciudad, y ver, a medida que me acercaba a mi destino, cuán densa y colosal se volvía esta gran metrópoli frente a mis ojos. Una ciudad que fue creciendo descomunalmente, y que, sin advertirlo, le ha robado algo muy valioso a sus ciudadanos: el tiempo.

El tiempo es uno de los recursos más valiosos que tenemos, y a veces no nos damos cuenta de lo mucho que lo malgastamos. En el caso de las grandes ciudades vemos como las rutas se colapsan en los ingresos, hay embotellamientos en las calles, ruidos excesivos, todo producto de una ciudad que vive agitada.

Los que venimos de ciudades más chicas, vemos Buenos Aires, - o más concretamente el AMBA, - como un modelo de ciudad moderna, pujante e interesante.

Sin embargo, el sentido actual del concepto de ciudades modernas, sustentables y mejor integradas, se refiere a ciudades que son amistosas con el medio ambiente pero también con el día a día del ciudadano, brindando calidad de vida en la cotidianidad. En muchas de estas grandes metrópolis, esto ya no existe. 

En las grandes urbes, ir de un punto a otro implica tiempo que se mide en horas, no en minutos, - y esto, sin contemplar la posibilidad de que nos topemos con cortes o embotellamientos que entorpezcan el tránsito, - reduce nuestra calidad de vida y nos pone por delante la discusión sobre la viabilidad de las grandes ciudades y el costo en obras que se necesita para mantenerlas en pie y funcionando.

Entonces, al planificar el futuro de Viedma, pienso en cuánto más podemos crecer como ciudad para no poner en riesgo el bienestar que hoy nos ofrece nuestra ciudad. Los que elegimos Viedma para vivir, valoramos su tranquilidad y la relación que tenemos con la naturaleza.

Progresar y crecer como ciudad capital es un anhelo de todos, pero debemos planificar y estructurar nuestro propio crecimiento pensando en el futuro, para que de acá a 30 ó 50 años no peligre nuestra seguridad, tranquilidad, ni nuestro tiempo.

Cuando una ciudad crece de forma desmedida sin planificación, comienzan a surgir problemas asociados a la saturación propia de urbes con un crecimiento demográfico sostenido y no calculado.

A medida que una ciudad crece por millones, es necesario repensar la estructura de servicios básicos, ampliación de barrios, avenidas, etc. para dar solución a la problemática de la escasez y la saturación.

Esto nos lleva a tener que desarrollar megaproyectos con obras inmensas y costosas que tengan como fin remendar una situación que se podría haber prevenido con planificación y proyección a largo plazo.

Con un poco de visión a futuro, podemos lograr prevenir situaciones que nos resulten incómodas mañana.

Viedma se ha transformado en una ciudad muy atractiva para vivir gracias a su accesibilidad, tranquilidad y su relación con la naturaleza. Pero con el crecimiento desmedido y desorganizado, se pierde a futuro esa condición que hizo que uno la elija en primer lugar.

Por ello, la planificación es primordial, y cuando estructuramos una obra, no estamos pensando en los 80 mil habitantes de hoy, sino en los que se proyectan para el futuro.

Por lo tanto, debemos replantearnos qué buscamos de una ciudad modelo, y en base a ello, trabajar en diseccionar las políticas públicas y orientarlas a ese objetivo, teniendo en consideración que las estadísticas arrojan un crecimiento demográfico esperado de 150 mil habitantes para los próximos 30 años. 

Por ello, si visualizamos una línea imaginaria que une dos puntos entre los 80 mil habitantes que hoy tiene Viedma y los 15 millones de habitantes que posee Buenos Aires, por ejemplo, en qué punto deberíamos situar nuestro ideal de ciudad modelo, esa ciudad dónde queremos vivir y proyectar nuestro mañana. 

Son plazos que parecen muy lejanos, pero debemos acostumbrarnos a pensar de este modo, porque el precio de revertir obras mal planificadas es muy costoso para el ciudadano en términos de dinero, y sobre todo, de tiempo. 

Con gestión, proyección y obras, podemos lograr que Viedma sea esa ciudad que todos queremos.

(*) Arq. Gastón Renda 

Secretario de Desarrollo Territorial, Hábitat y Obras Públicas.

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