Vanessa Cacho: “El puente Molina es de todos y de todas”

puente gobernador molina

Foto gentileza guillermopirriargentino.blogspot.com

Fueron expresiones de la concejala del PAR en Viedma, Vanessa Cacho, a raíz de un proyecto de comunicación tratado en la sesión del Concejo Deliberante el pasado viernes, para que se ponga en marcha un plan que "permita cumplir con las tareas de preservación del puente Gobernador Molina".

De acuerdo a un artículo de Carlos Espinosa, en el portal APP, el viejo Puente Molina, que se encuentra en las afueras de Viedma, está al borde de la destrucción total.

“Sabemos del estado de abandono en el que se encuentra el puente, y es motivo de preocupación de muchos vecinos y vecinas”, dijo Cacho hoy.

Recordó que en el 2017, “la Ley Rionegrina 5197 declaró al puente como Monumento Histórico Provincial”, pero sin embargo dijo que “todavía seguimos con dificultades para poder abordar la restauración”.

“Entendemos que son inversiones muy grandes, pero comprendemos que se pueden ir trabajando en un plan sistemático, con etapas”, entendió la concejala.

Por sus declaraciones, el concejal de Somos Viedma, Pedro Sánchez, la objetó preguntando si sabía de quién era propiedad esa zona. “Yo no tengo claro si el puente ha quedado dentro de una propiedad privada o si es una tierra fiscal”, expresó.

Sobre ello, Cacho le respondió: “Es un lugar que es de todos y de todas. Un lugar que hizo a nuestra historia e identidad. Corresponde rescatar esa parte”.

El proyecto finalmente fue aprobado por unanimidad.

El puente

"En las afueras de Viedma se encuentra el viejo puente Gobernador Molina, que lamentablemente está al borde de la destrucción total. Se ubica en cercanías de la escuela primaria del paraje El Paso y del hipódromo, sobre un camino que corre paralelo a las vías del ferrocarril, y en las últimas semanas es visitado por muchos vecinos que buscan sitios abiertos para caminar y tomar aire sin riesgo de contagio de la pandemia", señala una crónica del periodista Carlos Espinosa en la agencia APP.

La nota agrega: "Esta antigua obra de ingeniería lleva mucho tiempo en desuso y el abandono que sufre es claramente visible –con la rotura de tablones y barandas- en abierta contradicción con el espíritu de la ley rionegrina 5.197, promulgada el 7 de abril de 2017, que declaró al puente Gobernador Molina como “monumento histórico provincial”, en base a una iniciativa conjunta de los legisladores Jorge Ocampos, Daniela Agostino, Mario Sabbatella  y Facundo López.

En la actualidad el puente Gobernador Molina no lleva hacia ninguna parte, pero cuando se habilitó, el primero de enero de 1924,  le ponía punto final a más de dos décadas de reclamos populares y periodísticos, trámites y recomendaciones administrativas.

El puente, realizado íntegramente en madera, tiene 76 metros de largo, se apoya sobre 46 pilares clavados a 5,8 metros de profundidad, y fue ejecutado durante la gestión de don Víctor Molina al frente de  la Gobernación del Territorio de Río Negro.

Quienes se acercan para contemplarlo no puede entender para qué fue construido. ¿Para qué semejante estructura si por debajo no pasa agua? se preguntan quizás los visitantes del lugar.

Para comprender la importancia que tuvo el referido puente hay que ubicarse en el contexto geográfico de la ciudad de Viedma hasta los años cuarenta de la centuria pasada. Hay que recordar que la antigua capital del Territorio del Río Negro estaba rodeada por todo su flanco sudoeste por la gran Laguna El Juncal, una inmensa extensión de 15 mil hectáreas, de forma alargada, entre los campos donde actualmente está ubicado el corazón del proyecto Idevi y las  cercanías de la barranca donde se encuentra el faro sobre la costa del  mar , con 60 kilómetros de largo y un ancho que variaba de entre dos mil y cuatro mil metros, y una profundidad media de dos metros.

Este mar mediterráneo de agua dulce se formaba con varias entradas naturales del río, desde la altura de las localidades de Zanjón de Oyuela y San Javier, aumentando en la época de las crecientes estacionales y cuando llovía en abundancia.

En las grandes inundaciones de 1829 y 1899, esta última en pleno invierno, Viedma quedó casi totalmente destruida porque la Laguna El Juncal se salió de madre y avanzó desde las espaldas de la población hasta mezclarse con  el río mismo.

Desde fines del siglo 19 diversos estudios se hicieron para disminuir su caudal, con la idea de disecarla con la finalidad del posterior aprovechamiento de sus tierras para la ganadería y la agricultura.

Todos los intentos y las gestiones correspondientes están reseñados en un excelente trabajo publicado en 1981 y hoy totalmente agotado que llevó el título “De la laguna El Juncal a las chacras del Idevi” con artículos de los profesores en historia Héctor Rey, Jorge Entraigas, Roberto Bovcon, Wenceslao Arizcuren, Edgardo Cardone y Beatriz del Valle Moldes.

En la consulta de ese volumen este cronista obtuvo las referencias sobre los reclamos que desde el periódico “La Nueva Era” se le hacían a las autoridades nacionales, territoriales y municipales para que se construyera el puente.

Debe entenderse que hasta 1924 el tránsito de arreos de ganado, carros y vehículos a motor hacia General Conesa, San Antonio Oeste y otras localidades, debía hacerse con un larguísimo rodeo de 60  kilómetros hasta la denominada “Punta de Agua” sobre la zona de la cuchilla muy cerca del mar, o cruzando la laguna en una balsa que tenía reducidas dimensiones  y no funcionaba regularmente. Viedma estaba aislada por el río de un lado (todavía no se había construido el puente ferro carretero) y por la Laguna El Juncal por el otro.

Al fin se logró la construcción e inauguración del puente, en un tramo donde la Laguna presentaba un angostamiento y en cercanías del largo terraplén ferroviario levantado entre 1922 y 1924, también sobre alcantarillas que permitían el escurrimiento de las aguas. El puente hoy llamado Gobernador Molina fue un verdadero desafío a las adversidades, una apuesta al futuro.

En un capítulo de la obra antes citada, que pertenece a la autoría de Jorge Entraigas, se describen las sucesivas intervenciones de Ramón Lista, en 1880; en 1885 del ingeniero Alfredo Ebelot,  un francés que acompañó la llamada Campaña al Desierto (que fue constructor de la famosa zanja de Alsina);  y de los prestigiosos César Cipolletti y Eliseo Schieroni, después de la catástrofe de 1899 y la mudanza forzosa del asiento del gobernador del territorio a Choele Choel.

Mientras una serie de propuestas técnicas avanzaban, con hipótesis relativas a canales de desagüe y barreras de defensa, desde la prensa regional –ese maravilloso periodismo escrito realizado por anónimos redactores a los que nunca les estaremos lo suficientemente agradecidos- se difundían los reclamos, se daba conocimiento de asambleas populares, cartas a los presidentes y a los senadores; en fin: una auténtica movilización de lo que genuinamente se daba en llamar como “las fuerzas vivas”.

Así entonces en las páginas del semanario “La Nueva Era” se publicaba en 1904 la idea de establecer un impuesto de diez centavos  por cada animal que pastaba en los campos de Viedma para que  los hacendados contribuyeran a las obras de disecado de la Laguna.

En 1907 llegó la noticia de que el gobierno nacional remitía a  la gobernación la suma de 17 mil pesos para iniciar la construcción del necesario puente que permitiría abreviar el largo rodeo al espejo de agua, puente que recién sería inaugurado en enero de 1924.

Y a mediados de 1913, siempre según la eficaz crónica periodística, corría la versión de que el gobierno nacional estaba en conversaciones con capitalistas ingleses para venderles las tierras de El Juncal muy baratas, a  razón de 2,50 pesos la hectárea, con la condición de que realizaran las obras de escurrimiento e irrigación necesarias.

Pero esta versión se diluyó en el tiempo y en 1916 el gobierno municipal de Viedma, encabezado  por el progresista intendente radical Felipe Contín  lanzó el proyecto de un impuesto de 50 centavos por hectárea, como otra forma de reunir los recursos para los trabajos de defensa y secado de la laguna.

A fines de ese mismo año de 1916, cuando apenas había iniciado su primer mandato el presidente  radical Hipólito Yrigoyen, el vecino Atilio Pastore propuso una asamblea popular para la elaboración de un petitorio dirigido al jefe de Estado, pidiendo que el gobierno de la Nación asignara, para resolver el problema de la Laguna El Juncal, los recursos de contribución territorial que le correspondían a Viedma, San Javier y Cubanea.

En la edición del 30 de abril de 1922 del periódico La Capital el ingeniero José María Diego Contín, hermano del intendente de ese momento, publicó una carta abierta en donde señalaba su equidistancia respecto de dos posturas surgidas en el seno de la comunidad viedmense.

Por un lado un grupo de vecinos – entre quienes identificaba a Bautista Sacco,  Maximiliano Barnes. Juan Cruzado y el propio Felipe Contín-  impulsaba el cierre de los boquetes de agua que desde el río Negro aumentaban la Laguna El Juncal. En tanto otros viedmenses -entre los cuales individualizaba a Andrés Iribarren, Enrique Inda, Bernardino Pérez, Nicolás Aguirrezabala y Juan Balda- propugnaban la construcción de un puente sobre las inquietantes aguas.

Finalmente el primero de enero de 1924, se inauguró el puente ahora llamado “Gobernador Molina” y recién entre 1927 y 1928 la dirección general de Irrigación contrató con la firma Eugenio Ferrario-Pedro Figliozzi las obras de defensa, con lo cual, después, la laguna comenzó a secarse lentamente por evaporación, ya que no ingresaba más el torrente del río Negro.

El muy interesante  capítulo de Entraigas finaliza con la narración de los primeros trámites para el inicio de los canales de riego, con gestiones iniciales del inquieto gobernador Adalberto Pagano en 1933. Un clamor que se manifiesta ya en la  Comisión Pro Riego del Valle Inferior creada en 1934,  pero recién se concreta 36 años después cuando, en 1970  comienzan a regarse las  primeras chacras del proyecto IDEVI.

El puente Molina hoy no va hacia ninguna parte, pero nos permite a pesar de su estado ruinoso cruzar hacia la memoria de la desaparecida la laguna El Juncal, para encontrarnos con fragmentos perdidos de nuestra  historia. Bueno sería evitar su destrucción total por el implacable paso de los años,  efectuar algunas reparaciones, proteger el área de nuevas incursiones vandálicas y señalizar el acceso al lugar para que se comprenda el valor patrimonial de las ruinas de una obra que tuvo enorme importancia para los habitantes de Viedma y la región". (APP)

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