Por Roberto Vargas

"Cristina y yo somos uno solo. El mismo perro con diferente collar"

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Se frotan las manos, miran a cámara y dicen (muy sueltos de cuerpo) que van a despenalizar la droga; que lanzar bolsos con millones de dólares por arriba del paredón de un convento es una nueva disciplina olímpica; que todos sus cómplices que están en la cárcel son “presos político” y que ellos son lo nuevo de lo viejo y prometen robar poquito. 

Son tan caraduras que ahora se esconden tras el “fernandismo” cuando todos saben de dónde vienen y quien los manda.

Esta gente se atreve a criticar a Pichetto por dar un paso hacia el entendimiento. Los apóstoles de la grieta necesitan que siga existiendo para seguir currando con el juego de las diferencias: con el nosotros/ellos disfrazado de ideología que apesta y también atrasa.

El 27 de octubre habrá elecciones. Y los grandes triunfadores de las P.A.S.O ya se prueban el traje, dando por sentado que arrasaran en las urnas y que habrá un “kirchnerato de mil años” para alegría de dos o tres y desgracia de millones. ¿Habrán escuchado el grito de “sí se puede”?

Miguel Pichetto es de la provincia. Es el amigo con el que muchos trabajamos y al que muchos le deben tanto. Hoy es la figura más clara de la política argentina, y uno de los más respetados. Miguel será vicepresidente y podemos estar seguros que no se olvidará de Río Negro y su gente. 

Junto a Macri, la presencia de Miguel permitirá asegurar que los cambios necesarios se hagan, que todos levantemos cabeza nuevamente y que  el camino de la mejoría comience a transitarse.

Todos tienen el derecho de votar a quien quieran. Pero también tienen la obligación de hacerlo de manera coherente. Si la señora y su títere ganan  la elección, será un retorno al pasado con consecuencias irreversibles. Será escuchar el canto de las sirenas con naufragio asegurado. Será el encierro de Argentina para volver a jugar con sus amigos: Evo, Maduro y otros.

Todos pueden votar a quien quieran. Pero sería sano hacerlo por quien nada esconde, quien siempre trabaja. Quien nunca especula. Quien no se ríe de la gente. Quien siempre ayuda. El medido y sin estridencias. El que asegura, con su sola presencia, que habrá mejoría porque sabe cómo ayudar a lograrla.

Ese hombre se llama Miguel Ángel  Pichetto, quien nunca pidió nada para sí mismo y ahora espera un voto de confianza, para hacer posible el ¡si se puede!

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